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  • Por A.S.

HUMPHREY INZILLO

Actualizado: 12 nov 2023

Humphrey Inzillo, el hombre del sombrero y del tatuaje de "Durazno y convención"; el melómano, el periodista, editor y escritor que lleva con gratitud y estilo el mismo nombre que el actor de Casablanca, es vecino del barrio desde hace 20 años. Se nota que ama Villa Crespo y no quedan dudas de que también ama Uruguay. Hijo único y agradecido por los viajes y la música, por los vínculos y la educación sentimental, de niño jugaba con una máquina de escribir de plástico y hoy encuentra conexiones metafísicas que inundan de sentido muchas de sus experiencias de vida. Una vida dedicada al periodismo que busca en los márgenes pero que, según él mismo dice, inevitablemente se toca con lo mainstream uniendo mundos.

Lo invitamos al bar 878 a conversar mientras tomamos un vermú. Llega de su trabajo como editor en la Rolling Stone y, aunque al principio teme no poder improvisar una charla de café (o mejor dicho de vermú) con una cámara delante, charlar con Inzillo en sencillo (¡valga la rima!) porque es un gran conversador y tiene tantas historias para contar que en seguida todo fluye.


Sepan que esta entrevista será tan solo un recorte de todos esos mundos y conexiones que Humphrey transita y que van quedando registrados en proyectos que incluyen sus columnas periodísticas para el diario La Nación y Radio Nacional, el podcast "La vida circular" y su reciente libro "El corazón adelante", entre muchos otros.


¿Dónde vivís?

Vivo en Acevedo y Padilla.


¡Al lado de lo de Elvis de Villa Crespo!

Claro, a Elvis de Villa Crespo lo entrevisté para Rolling Stone. Es maravilloso y aparte es mi vecino, lo veo siempre. Elvis tiene un cameo en "No te mates en mi cultivo de marihuana", una novela increíble que escribió Julián Urman, que también vive enfrente. La compré en la FED, que está ahí en el límite del barrio, y me fascinó.


¿Y qué te parece el barrio?

Yo estoy hace casi 20 años ya, entonces tengo un sentido de pertenencia importante más allá de que no es el barrio de mi educación sentimental. Cuando me vine a vivir acá vivía en Corrientes y Aráoz, me encantaba estar muy cerca del monumento a Pugliese, que es también algo que me encanta del barrio, que sea el barrio de Pugliese, y que sea un barrio multicultural con mucha presencia de la comunidad judía. También estaba justo a la vuelta del Conventillo de la Paloma. Hay algo de esa porteñidad cosmopolita que tiene el barrio que me parece fascinante.


Cuando le pregunto por las transformaciones del barrio, Humphrey recuerda que fue testigo del gran boom de los outlets y la gentrificación, pero luego, casi inevitablemente, se pierde en los sabores de sus primeros años en el barrio: "Entiendo a la gastronomía como una pata de la cultura, con un montón de lugares. Durante muchos años la parrillita de Serrano (Lo de Chuni o Lo de Jimena, al lado del Colegio Ecos) tenía el mejor chorizo de Buenos Aires, y sigue resistiendo. Ya no voy tanto como antes, pero en una época íbamos a jugar al fútbol con amigos y después a cenar ahí y era como nuestra oficina un par de veces por semana. Sufrí la pérdida de El ciervo de oro, que era un lugar tradicional. Yo tengo una parte de mi familia que es judía y era increíble tenerlo a la vuelta. Después en la otra cuadra había un uruguayo que tenía una panadería muy chiquita, en Julián Álvarez entre Corrientes y Drago, y hacía unos sándwiches de milanesa que estaban buenísimos."


Humphrey despliega su oficio desde hace 25 años y lo hace como pez en el agua, un pez que podría ser a la vez de río y de mar, porque en sus 44 años ha abarcado todos los formatos siguiendo su misión de "darle cuerpo al capital simbólico hasta volverlo material, concreto", como dice Carlos Ulanovsky quien le escribió el prólogo a "El corazón adelante" (Híbrida). Pero sus comienzos fueron en medios gráficos, más específicamente en revistas de rock. "Disfruto mi trabajo de la forma más clásica. Me gusta lo de pensar y preparar una entrevista. Parece mentira, por un lado me sigo sintiendo, no te voy a decir un principiante, pero la verdad es que siento que hay un hilo conductor en todas las cosas que hice."


¿Cómo llegaste al periodismo?

En realidad te diría que no llegué, lo tuve siempre. Mi viejo es periodista y también es muy melómano y escribía en la revista La Maga, pero antes de eso, cuando yo era chico, fui muy estimulado de un modo probablemente inconsciente. En mi casa se escuchaba mucha música, sobre todo casi exclusivamente jazz; y no solo se escuchaba, sino que muy tempranamente me llevaron a conciertos, a obras de teatro, a ver muestras de arte, a ver cine clásico. En esa época a mediados de los 80 era un niño y todos los sábados, mi viejo cuando se compró la videocasetera, alquilaba una película de Hitchcock y alguna otra película como para mí también, y eso un poco me fue marcando. A la vez mi viejo escribía y hacía programas de radio. Uno de mis juguetes favoritos cuando era chico era una máquina de escribir de plástico y yo decía "me tengo que ir a escribir y a trabajar" y me ponía a escribir.


Ahí arranca tu educación sentimental ¿y cómo sigue?

El año que viene se cumplen 40 años desde que mi viejo empezó un ciclo que se llama Jazzología en el Centro Cultural San Martín, con conciertos gratuitos de jazz todos los martes, y yo un poco me crié yendo a esos y a otros conciertos. También era muy habitual pasar a saludar al camarín a los músicos que eran amigos de mi viejo o ese tipo de situaciones, entonces también fue como muy natural, más allá del eventual cholulaje que puede haber en conocer a alguien.


Contame más de tus comienzos como periodista.

Empecé a trabajar en una revista que se llamaba La García, una revista de rock independiente que surgió un poco como contraposición a la idea de la Rolling Stone, con una idea que creo que también se adelantó a lo nacional y popular que años después iba a explotar como uno de los slogans del kirchnerismo. La García empezó en el año 99 y era una revista que generó mucho vínculo con los músicos y con la gente. Digamos que fue la continuación de otra revista que para mí fue importantísima, La Maga, donde escribí mi primera nota que era donde venía escribiendo mi viejo, y de alguna manera fue mi educación sentimental y profesional. Me siento ahijado de toda una generación de periodistas que se convirtieron en mis amigos, como Ingrid Beck, Fernando Sánchez, Pablo Marchetti, Daniel Riera, Claudio Gómez y muchísimos más. Cuando ellos hicieron La Maga recién terminaban TEA, tendrían 21, 22 años. Yo en ese momento tenía 13 y ellos eran mis ídolos. Eran periodistas haciendo una revista cultural que era lo que yo quería hacer, y a la vez no eran de la generación de mi viejo, entonces muy tempranamente estuve en conexión con ellos. La García fue una revista que generó mucha complicidad con los músicos y con la gente, tenía mucho humor y fue el semillero de la revista Barcelona, así que de algún modo formé parte de todo ese momento fundacional. Ahí el humor fue muy importante. Por ejemplo, las reseñas de los conciertos de La García terminaban con una fichita donde se medía el nivel de pogo y de olor a faso de cada recital. Laburando ahí me pasaron cosas increíbles y fue probablemente el mejor trabajo que tuve en cuanto al grupo humano, a la diversión y a todo lo que pasaba en la redacción. Me quedaron amigos para toda la vida. Ahí entrevisté tres veces a Los Redondos en un lapso de dos años, y no sólo eso, hicimos la última entrevista que dieron juntos Los Redondos, fuimos testigos de la última vez que estuvieron juntos.


¿Cómo fue esa última entrevista a Los Redondos?

Hicimos esta nota en 2001. Fueron tres horas con el Indio Solari, Skay y La Negra Poli en un bar. Después de eso nos quedamos siendo testigos de cómo ellos charlaban y se cagaban de la risa. Era madrugada y los tres, Pablo Marchetti, Martín Correa y yo, los vimos irse abrazados al Indio Solari, a Skay y a la Negra Poli caminando por Palermo. iban a la casa de Poli que estaba a 3 cuadras. Era una época en la que no había celulares con cámara, pero de esa imagen no nos olvidamos más. Y ahí fue la pelea definitiva y nunca más se volvieron a juntar. Cuando se cumplieron 20 años de esa noche, sacamos un libro que se llama "La última noche de Patricio Rey" con la transcripción completa de esa entrevista que estaba en cassettes que conservó Martín Correa y yo hace poco en una mudanza los recuperé, junto con otras notas de esa época de los Redondos, y se armó un material increíble. Pero sí, haber estado esa noche fue una cosa absolutamente azarosa. No solo por el valor periodístico de la última entrevista, sino a nivel personal por haber sido testigos de un momento histórico triste por lo que derivó, pero a la vez la fortuna de haber estado ahí.

Este año, el reconocido periodista Carlos Ulanovsky cumplió 80 años y Humphrey se unió a sus hijas Julieta e Inés y a Martín Jiménez, también periodista, para homenajearlo. Juntos se les ocurrió que 80 personas cercanas a Ula le escribieran una carta, y esas cartas forman parte de un libro coral homenaje titulado "Querido Ula, 80 cartas de amor para Carlos Ulanovsky" (Orsai) que presentaron en la Biblioteca Nacional. "Teníamos un listado. Lo fuimos puliendo con las hijas y obviamente todo el mundo nos dijo que sí, pero era un libro que teníamos que hacer rápido porque tenía que estar para el día del cumpleaños, y queríamos que fuera sorpresa también. Están todos los amigos de Ula que son gente importantísima como León Gieco, Juan Sasturain, Alejandro Dolina, Tati Almeida, Graciela Borges, Lalo Mir, muchos periodistas de la generación de La Maga… y quedó un libro realmente hermoso porque tiene un componente que para mí es fundamental, que es el componente afectivo.


Eso está muy presente en tu modo de hacer periodismo…

Podés tener una charla con alguien desde la pasión o desde el amor, y eso se transmite. Algo que decía el otro día Ula reflexionando sobre su modo de entender el oficio, aún hoy a los 80 años, es que una promesa que él se hacía a sí mismo y a todos aquellos que lo seguían, es no hacer una entrevista sobre una obra de teatro sin haber visto la obra, o no hacer una nota sobre un libro sin haberlo leído, o no hacer una nota sobre un disco sin haberlo escuchado. Bueno, en ese sentido yo me siento identificado. Hay algo del periodismo old school que a mí me sigue interesando de esa manera.


Tu libro "El corazón adelante" trata de sonidos, imágenes y sabores de una educación emocional...

Bueno, El corazón adelante es un libro que compila columnas que escribí para el diario de la Nación en una sección que se llama Manuscritos que tenían como consigna que sean en primera persona, y estaba bueno porque era encontrar un tono distinto, con una cierta visibilidad y entendí muy tempranamente que era un modo de escribir un libro con el work in progress a la vista, porque todas las columnas tienen como eje la educación sentimental. Por supuesto la música, pero también la gastronomía, la cultura, el cine, en fin, todas cosas que tienen que ver con mi formación y también con recuerdos que son personales y muchas veces generacionales. Incluso por ciertos anacronismos por los que yo siempre tuve una fascinación temprana. Mi viejo me puso Humphrey y yo desde muy chico vi todas las películas de Humphrey Bogart y me gusta el cine clásico.


¿ Y te gusta el cine argentino?

Me gusta mucho el cine argentino y el cine argentino clásico en esta cuestión de las frikeadas. Mi viejo escribió cuando yo era chico un libro que se llama "Querido filipipones", que es una bio-filmo-radiografía afectiva de Pepe Arias, un actor de los años 40, 50, y cuando salió el libro yo tenía 11 años y lo ayudé a mi viejo a hacer las correcciones de galera, lo imitaba a Pepe Arias y me vi un montón de sus películas… También curtí mucho cineclubes. En realidad creo que en el cruce de todas esas cosas, porque las películas también tienen canciones y tienen referencias a las ciudades, se va construyendo ese caldo de cultivo que deriva en estos textos.


¿Cuál es hoy tu formato favorito para ejercer el oficio?

La escritura es un oficio duro y con el correr del tiempo creo que cada vez más. A la vez empecé a hacer tele, podcast y radio, y creo que esos formatos, también por ser un poco más nuevos, me estimulan más que la escritura en sí, aunque la escritura tiene muchas ramas y muchos modos, así que también me gusta. Pero hoy creo que lo que tiene que ver con la oralidad me gusta más, y en el caso de la radio también está esa magia y el vértigo.


Humphrey tiene una columna en el programa La trama y el desenlace que sale por Radio Nacional de lunes a viernes a la madrugada. "Esos estudios tienen una historia increíble, porque eran los viejos estudios de Radio El mundo. Para llegar hay que bajar unas escaleras, ya que estaban construidos para que la vibración del tranvía no afectara la transmisión. Y más allá de la magia, me gusta la espontaneidad que tiene la radio y el vínculo con muchas personas, porque Radio Nacional llega a todo el país y de repente tengo un amigo que vive en Bariloche y me dice "prendo la radio a las 2am y aparecés hablando vos".


Además de la radio, creó el podcast "La vida circular", un ciclo de entrevistas que arrancó en 2018 y es a la vez el diario de un melómano por donde han pasado desde Rubén Rada y Natalia Lafourcade hasta Mon Laferte, Daniel Melero y tantos otros. "Ese podcast empezó hace ya como cinco años. Al menos en ese momento, era una especie de anti podcast, porque un podcast tenía que durar unos 15-20 minutos por episodio y yo empecé a hacerlos mucho más largos. Aunque el formato principal sea la entrevista larga en profundidad, muchas veces con pretensión de ser una entrevista casi definitiva, lo cierto es que es un proyecto muy personal y ahí también pude, por ejemplo, hacer informes de algunos viajes, festivales o sobre algún artista en particular, hice uno del Gato Barbieri, por ejemplo o la adaptación en audio de algunos textos que ya tenía."


¿Hiciste tele también?

Hice tele y me encantó. Trabajé en el canal de la Nación en una época en que era un canal mucho más amable. Más allá de estar muy vinculado a la música, que es como el hilo conductor de mi carrera, también al haber empezado a editar Brando, una revista de crónicas y de tendencias culturales y vida urbana, pude vivir otras cosas por fuera de lo que suele llamarse esa "zona de confort". Y había hecho un viaje para una nota y para darle un poco de visibilidad a la revista, me dijeron de ir a un programa que era un magazine nocturno, se llamaba "Lo que el día se llevó", una especie de tertulia con una pata política, pero después con una variedad de temas. Hablé de vinilos y les gustó, y de a poco me fui incorporando al staff de ese programa donde estuvimos como año y medio o dos años. La tele fue algo que empecé a hacer de bastante grande y creo que me hubiera gustado mucho hacerlo antes pero capaz que me faltó un poco el ímpetu.


¿Creés que la tele todavía es un formato posible?

En parte sí, creo que la tele todavía tiene algún tipo de llegada. Banco mucho el programa de trasnoche en TN que se llama Re despiertos, donde me invitaron en vivo a charlar. Fui después de la radio, o sea, fue una nota que empezó a las 2.30am y estuve como una hora charlando con ellos y después me escribió un montón de gente. Fueron muy generosos. Creo que también la marginalidad del horario les permite eso. En un canal como TN que es súper mainstream y súper político, hay todavía espacios para traficar ciertas informaciones.


Todos estos mundos y esta cantidad de gente que pudiste entrevistar y conocer ¿qué dimensión cobran?

Hay un montón de cosas que por un lado me parecen naturales y por otro lado, si lo pienso, me pasaron cosas increíbles. Estoy agradecidísimo de haber podido conocer tanta gente, y también fue muy importante haber hecho notas con artistas emergentes. Para mí es tan importante eso como hacer una nota con un artista que forma parte de la banda sonora de tu vida; haber entrevistado, digamos, a músicos que son importantísimos en mi vida, como Jaime Roos. Mirá, tengo un tatuaje de "Durazno y convención"...


¿Sos medio uruguayo?

Soy uruguayófilo. Hice muchos viajes con mis viejos y conocí lugares increíbles. Sin embargo, si tengo que elegir un viaje que me marcó, fueron 4 días en Montevideo cuando tenía 10 años. Me enamoré de la ciudad, en ese momento no tanto de la música. Después empecé a escuchar mucho blues. Hubo un boom muy grande de blues en la Argentina y mi puerta de entrada al rock fue medio por ahí. Pappo había hecho el disco Blues local y en un programa que se llamaba Rock and roll en Music 21 hicieron un especial de Pappo en Nueva York. Eran 50 minutos de Pappo en una limusina por NY hasta que llegaba y tocaba con B.B. King. Después de eso, se ve que para completar el programa, había un informe de Jaime Roos, un músico uruguayo que yo desconocía hasta ese momento, el autor de Durazno y Convención. En ese informe pasaban el videoclip, que después me enteré era muy criticado en Uruguay porque era muy literal la transcripción, pero en esa literalidad estaba la esencia de la ciudad que a mí me había enamorado, porque de hecho se filmó para la misma época en que yo había estado en Montevideo. Esa fue mi puerta de entrada a la música uruguaya.

Pero aparte ahí hay una conexión que para mí es metafísica, hay una canción de Jaime Roos que se llama Cometa de la farola, que es una canción que Jaime le dedicó a su equipo de fútbol Defensor de Montevideo. La historia es así: en Uruguay nunca había salido campeón un equipo que no fuera ni Nacional ni Peñarol, los dos equipos grandes, hasta el año 76. Ese año mis viejos fueron de luna de miel a Montevideo y fueron a ver un partido al Estadio Centenario. Cuando termina ese partido se van a comer a un boliche emblemático que se llama el Chivito de oro. Ese día, por primera vez en la historia, sale campeón Defensor, el club del cual es hincha Jaime Roos. Mi viejo que estaba comiendo el chivito, vio el festejo de Defensor, que eran un micro y dos autos que iban y venían por la 18 de julio tocando bocina, y de tan patético y hermoso que era eso, se hizo hincha de Defensor. En el año 94, 95 yo me hago fanático de Jaime Roos y en un concierto gratuito que da Jaime en los bosques de Palermo, año 96 ó 97, cuenta que compuso Cometa de la farola el día en que por primera vez salió campeón Defensor. El tipo había escrito esa canción tan emblemática inspirado en una historia que mi viejo me venía contando desde la infancia.

Después a nivel musical Jaime Roos fue la puerta de entrada a todo un universo musical maravilloso y a partir de ahí a un montón de músicos de la escena, como Martín Buscaglia, que es uno de mis músicos favoritos del mundo, o Fernando Cabrera.


Estar tan conectado con todo el universo de la música, ¿ te llevó a pensar otros proyectos por fuera del periodismo?

Si bien tenía muy claramente la vocación periodística, en un momento quise un rol más activo, entonces produje algunos discos como curador. Hice uno que se llama "Uruguayas campeonas. Cantoras de la Banda Oriental" que salió en el 2010 y fue un proyecto muy lindo porque nunca había habido en Uruguay un disco que juntara el aporte de un montón de artistas talentosísimas desde la década del 60 hasta ese momento. Y también creo que estuvo un poco adelantado a toda la ola de empoderamiento femenino. Después, con otro amigo brasileño, Arturo de Faría y con Manuel Onis, hicimos un disco homenaje a Os Mutantes, el grupo brasileño psicodélico de culto, que era con todos artistas de Iberoamérica, porque también había artistas de España que en ese momento eran muy emergentes, como Silvia Pérez Cruz, o Raül Refree, que es un músico catalán que produjo a Rosalía. Y por otro lado en ese disco participaron artistas muy importantes como Café Tacuba, Aterciopelados, Fito Páez, Arnaldo Antunes de Tribalistas y Liliana Herrero, y grupos emergentes como La Manzana Cromática Protoplasmática, al mismo nivel que el resto. Fueron experiencias muy lindas que también están de algún modo en los márgenes, no buscando una cosa mainstream, sino uniendo mundos. Eso tiene que ver con mi modo personal de entender la música.


Humphrey me cuenta que David Byrne y Cobain eran fanáticos de Os Mutantes. Cobain quería que se juntaran y que fueran sus teloneros y ellos le dijeron que no; y Beck hizo Mutations en homenaje a la banda, por eso lleva ese nombre, y por eso hay un tema que se llama Tropicalia.


¿Qué otras anécdotas recordás con cariño?

Hay una historia que quiero muchísimo. Me pasó haber compartido un viaje con Fito Páez en Río de Janeiro en una circunstancia muy relajada para él porque había ido como jurado de un concurso de cortos y básicamente era un plan de joda. Fueron dos o tres días de una especie de borrachera continua y en medio de todo eso yo le propongo hacer una charla caminando por Ipanema, hablando de su vínculo con la ciudad y con la música brasileña. Lo hacemos, y después de eso, al tiempo, me cuenta que se iba a España a hacer un disco con músicos españoles, y ahí se me ocurre la idea. Le digo ¿y por qué no vemos si puedo viajar para allá y usamos el material que tenemos de Brasil y hacemos una nota sobre tu vínculo con las ciudades? Lo propuse en Rolling y les gustó. Entonces terminamos haciendo una nota sobre Fito y las ciudades, con la charla en Río, la charla en Madrid; después viajé a Rosario y después estuve charlando con él sobre Buenos Aires en su casa de Recoleta. Esta historia me encanta, más allá de la experiencia y de que la nota estuvo hermosa, porque a veces vos pensás a priori en hacer una cosa, pensás en un arreglo previo, pero acá todo surgió de la espontaneidad y eso para mí es hermoso.


¿Proyectos en puerta?

Estoy por sacar un libro que es un proyecto también colectivo. Es una puesta en valor de un sello discográfico que quiero y admiro mucho que es "Los años luz", que fue como el semillero de artistas que después hicieron carreras muy importantes, como Kevin Johansen, Lisandro Aristimuño o músicos que tienen toda su discografía prácticamente editada ahí, como Martín Buscalia o Axel Krygier. Es un sello muy ecléctico pero con una línea de curaduría que me identifica mucho. Es un proyecto que me tiene entusiasmado, escriben un montón de periodistas que admiro muchísimo y también en esa diversidad de miradas creo que hay algo valioso.

Otro proyecto tiene que ver con una red de periodistas musicales de Iberoamérica. Fui uno de los fundadores hace ya casi 10 años y con la red hicimos dos libros: Iberoamérica sonora, que son retratos de perfiles de artistas de distintas trayectorias que compilamos con un periodista mexicano que se llama Enrique Blanc. Y el otro libro se llama "Cantoras todas. La generación del siglo XXI", que son retratos de artistas mujeres que editaron su primer disco en el siglo XXI. Esta vez estamos por presentar un libro que se llama "Somos cumbia", que no es un libro estrictamente histórico, más bien es como un mapeo de un ritmo que une a Latinoamérica, que fue uno de los primeros objetivos de esta Red de Periodistas de música de Iberoamérica, donde la idea es que todos tengamos una mirada sobre la música con identidad regional. Y la cumbia siempre había estado dando vueltas y bueno, finalmente el libro va a salir a fines de noviembre y lo vamos a presentar en la Feria del Libro de Guadalajara. Incluye desde la cumbia tradicional de Los Palmeras o los Mirlos de Perú hasta las tendencias más vanguardistas, todo lo que tiene que ver con la cumbia digital y la movida de Zizek.


¿Sos melancólico?

Sí, soy súper melancólico y nostálgico sin celebrarlo, pero muy tempranamente recuerdo tener como esa sensación de melancolía y de no saber bien por qué, ni siquiera sé si es una angustia existencial. Pero también soy muy apegado a los objetos y siento que hay un vínculo en la historia detrás de cada uno. De repente yo te guardo el papelito de un bombón que te regaló una chica porque para mí ahí hay una historia, pero el otro día se me rompió el calefón y tenía que buscar la factura para la garantía y no la tenía. Guardo programas, papeles, papelitos y papelones. Incluso con sentimientos que son bastante particulares, incluso con nostalgias por épocas no vividas.


También tal vez hay algo de lo tangible que un poco se fue perdiendo…

Sí, yo todavía tengo un apego tremendo a la foto en papel, de hecho hace poco hice un ejercicio que estuvo buenísimo, nos fuimos a Bariloche con mi hija, hice una selección y me hice un álbum con 36 fotos de ese viaje. Y creo que quienes vivimos esa época podemos recordar qué era tener el álbum, eso que está ahí como presencia real. Algo que a mí me pasa mucho, que en un punto lo percibo casi como una tara, es que si estoy escribiendo una nota para lo que sea, más allá de que puedo buscar una información en Internet, necesito tener el objeto sobre el cual voy a escribir. Me pasa esa necesidad de ir a lo tangible.




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