• Malena Higashi

EL LENGUAJE DE LAS FLORES



SOLANGE RIZZO, FLORISTA

Los ramos de flores que arma Solange @herederadelsol vienen en papel madera y con un detalle: el sticker con forma de abeja que es su logo. Las abejas son las herederas del sol. Como ellas, Solange trabaja: va y viene buscando las mejores flores para armar combinaciones. Ramos silvestres, ramos blancos, ramos llenos de colores o con un plus de texturas o formas: una cresta de gallo, un ají, o una vara de quinotos recién cortada de su jardín. Si los ramos de Solange pudieran hablar dirían algo así como que la creatividad no tiene límites.

Sos de formación diseñadora gráfica: ¿cómo terminaste siendo florista?

Siempre me sentí conectada a la naturaleza. En lugares abiertos, verdes, floridos es en donde me siento mejor y más productiva.

Cuando me recibí de diseñadora gráfica ya estaba inmersa en una búsqueda constante de ver qué hacer a nivel laboral. En medio de diversas crisis existenciales, me adentré en el mundo de los cactus y suculentas y así empezó mi primer emprendimiento. Hace unos años, scrolleando en Instagram, descubrí que existía un universo lleno de flores y diseño que no conocía. Estaba acostumbrada a los arreglos que solemos ver en la calle que responden a una época particular y también a un estilo que puedo decir se ve mayoritariamente en Latinoamérica.

Cuando quise regalarle a mi mamá un ramo lindo por su cumpleaños número 50 empecé a formarme mediante workshops con floristas locales. Tardé tres años en animarme a emprender con las flores porque no vengo de una familia que comparta el oficio, así que no tenía referencias cercanas de cómo hacerlo funcionar.

El universo me cruzó con Florencia de @botanyba que me compartió sus conocimientos de manera super bondadosa; yo digo que es mi mentora en algún punto. Un poco gracias a ella, otro poco por el impulso de amigues, compañero y familia y otro poco por mis ganas y pasión que afloraba, es que finalmente me convertí en florista.


¿Qué es para vos ser florista hoy? ¿Cómo explicarías el oficio?

Conceptualmente hablando, ser florista es ser puente entre la energía y bondades de las flores y elementos botánicos, y las personas que las reciben. Es compartir diseño y sensibilidad a través de diversas piezas que finalmente componen un todo floral.

Creo que de a poco se empieza a valorar más el oficio, la experiencia en sí de disfrutar sin tanto apego de un arreglo o ramo floral, de descubrir activamente cómo son los procesos de cada flor. Poner un pie en este mundo es un camino de ida.


¿Con qué cosas te conecta el hecho de trabajar con flores?

Trabajar y estar en contacto permanente con las flores me enseña muchísimo del disfrute. Soy una persona bastante pensante, con alguna dosis de ansiedad y las flores me hacen ir muchas veces por caminos sensoriales que me sorprenden. El hecho de que haya flores que pueden durar tres días, me lleva a conectar con el presente que es realmente lo único que tenemos.

A mucha gente le gustan las flores secas porque no se marchitan. A mí me gusta lo que muere; porque tengo temas que resolver con la muerte y su concepción, así que ver una flor en su última fase me parece increíble. Encontrar belleza en algo tan efímero.

En tiempos de internet donde cibernéticamente existe la eternidad, es preciso conectar con lo volátil para recordar que hoy estamos, hoy están esas personas que amamos, hoy vamos a tomar ese café, hoy le damos un abrazo a alguien, mañana no sé. Tomo un concepto japonés para resumirlo: “mono no aware”. Disfrutar de la belleza de la transitoriedad de las cosas. Así son las flores, transitorias.


Ser florista tiene también sus sacrificios: contanos cómo es ir a la madrugada, en invierno a buscar flores al mercado? ¿A qué hora tenés que estar allá?

Lo que menos me gusta del oficio es el horario del mercado de flores. El mercado es un galpón enorme en Barracas. Antes de la pandemia, el horario era de 6am a 9am. Hoy en día abre a las 5am y cierra a las 8am. Idealmente hay que ir a primera hora para poder elegir. A medida que pasan las horas hay menos mercadería. Suelo estar una hora allá entre juntar lo que reservé y recorrer los pasillos en búsqueda de algo que me impacte. Siempre hay joyitas y magia por descubrir.

No me gusta el horario de mercado, pero una vez que estás ahí, es estar en una fiesta donde todos los sentidos se ven involucrados. Es hermoso.


¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Si bien hay cierta parte rutinaria de ir al mercado, limpiar las flores, y toda la mecánica y logística que comprende, hay toda una parte que me lleva a estar en constante conexión con mi parte creativa. Siempre hay una flor distinta por descubrir, para usar en algún diseño. Y todos los ramos son diferentes. Pueden tener las mismas variedades, pero nunca salen idénticos. Cada arreglo es único y especial. Todos cargados de la mística de la naturaleza y de la magia de los procesos florales.

Creo que soy afortunada al decir que mi oficina es un patio repleto de flores todas las semanas. Vivo en constante movimiento sensorial, conectada con la naturaleza.

Otra cosa que me encanta de mi trabajo es que de alguna manera soy proveedora de una belleza que hace feliz a otr@s. Porque las flores son eso, un vehículo conector de todo lo lindo de este universo.


¿En tu cuenta de IG siempre hay trivias relacionadas con flores, procesos de crecimiento de las mismas… de todo lo que aprendiste hasta ahora en relación a las flores, qué es lo que más te sorprendió?

Me gusta mucho compartir mi mundo con los demás, así que mis pequeños descubrimientos los voy mostrando en el Instagram, o les hago jugar para adivinar los nombres de las flores. Jugando se aprende.

Lo que más me sorprende es la inteligencia de las flores. Por ejemplo, la de los tulipanes. Aunque estén cortados, en un jarrón, buscan la luz y tienden sus tallos a curvarse adaptándose al ambiente. O los pétalos de las manzanillas, que se mueven según la luz solar y el momento del día, suben y bajan.

Las flores están híper conectadas al espacio y al momento presente.

¿Cómo es tu vínculo con el barrio?

Vivo desde los 17 años en Villa Crespo, Tengo 30.

Me encanta el barrio. Me parece que tiene una magia y un potencial tremendo que cada vez se explota más en el mejor sentido de la palabra.

Es una cuna de emprendimientos y emprendedores hermosos.

Disfruto caminar por el barrio, salir a tomar un cafecito o comer algo por acá.

Me gusta ver cómo crece Villa Crespo.



Ping-pong floral

Un aroma: Dulce

Una flor: Anémona

En un ramo de novias no puede faltar: Movimiento

Un follaje preferido: Ligustro

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