• Por Pepe Bigotes, un conejo en Villa Crespo

LA GENTE Y LAS COSAS


Por qué no hacen el resto de las cosas del mundo tan bien como la soga de persiana, es lo que yo quisiera saber. La soga de persiana es el objeto perfecto, nadie nunca tuvo problemas con la soga de persiana. Siglos, milenios, o incluso años después de que la humanidad (ustedes) y el resto de las especias (nosotros) hayamos deshabitado el planeta, las sogas de persiana de todo el mundo se mantendrán firmes en su insistencia de ser el objeto perfecto, imperturbable, eterno. Y sin embargo otras cosas, como los teléfonos celulares –la cima absoluta de la experiencia humana– están hechas de lágrimas y fragilidad.

No así la comida de la cantina del club Atlanta, cuyos platos del día no tienen nada que envidiarle a las sogas de persiana, aunque su misión puede llamarse opuesta: ser devorados al instante; no perdurar, si no extinguirse, en el sentido de meterse en mi boca de a bocados deliciosos que hacen que me pregunte, por qué las cosas que no están hechas para durar no son tan buenas como la comida de la cantina del club Atlanta, eso es lo que yo quisiera saber.

Una teoría al vuelo (la mejor clase de teoría) es que la diferencia está en la relación precio-calidad-expectativa de ganancias. Esta relación podría pensarse como un triángulo en tensión, cuyos vértices pueden moverse, siempre a costa de la posición relativa de los demás vértices. O sea que una expectativa de ganancia alta, arrastra al precio hacia arriba, y a la calidad hacia abajo, por lo menos en el triángulo que acabo de dibujar en el ciberespacio con el poder de mi mente; acabo de comprobarlo con un lápiz y papel imaginario y sí, es así.

Otra forma de ver este problema es mediante el prisma de las relaciones entre empleadores y empleados. Como dice el popular grafiti –que alguien postea en Facebook todos los días– “No odiás los lunes, odiás el sistema de explotación capitalista”. Estoy parafraseando, pero sólo para agregar efecto dramático. Lo que quiero decir es que influye y mucho, en mi humilde opinión, lo cerca o lejos que se encuentra el aprovechador de la ganancia de la generación misma de dicha ganancia. Por suerte, en el querido barrio de Villa Crespo existen muchos locales (y fábricas) atendidos por sus dueños. Esto genera un efecto “soga de persiana” en todo el barrio, más que nada en la cantina del club Atlanta.

A lo mejor digo cualquier cosa, y esta última es una subsidiaria de la multinacional Nabisco, y las sogas de persiana las fabrica Monsanto con piel de foca bebé alimentada con soja transgénica, pero lo que importa es el efecto, la solidez de la soga de persiana que hace subir y bajar la ídem, el ali oli de las papas que acompañan la entraña. Ese efecto Villa Crespo que es sabor y calidad.

Y nunca un plato del día fue conejo en la cantina del club Atlanta. Eso también es importante. Gente con códigos. No puedo hablar de la moral de la soga de persiana en ese aspecto, a riesgo de caer en la pavada.

Salud.

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