MI AMIGO, EL HINCHA POETA
- AVC AMO VILLA CRESPO

- 16 sept 2025
- 3 Min. de lectura

Sábado a la mañana me suena el timbre en una secuencia de sonidos y silencios que tardo en reconocer como la base rítmica de “dale campeón, dale campéon”. Salgo a la ventana y encuentro en mi puerta a mi amigo, el hincha poeta; me indica que hoy es el Día Internacional del Hincha de Atlanta. Esto me genera cierto escepticismo, pues dudo que en Bulgaria lo celebren, aunque, como siempre, puedo estar equivocado.
Mi amigo el hincha poeta viene a buscarme para unirnos a los festejos; siempre actúa como que los dos somos hinchas poetas: al menos una vez al mes insiste en llevarme a la cancha y en leerme sus poesías. Lo curioso es que estas son dos cosas que para él van de la mano. Algo le sucede a mi amigo el hincha poeta en las gradas de hormigón del estadio León Kolbowski; le fluye la poesía, le abundan los sinónimos de pelota, el balón, la sin dueño, la esfera universal. Todo lo rima de una forma insultante con pasión, con sueño, con el clima dominical.
A veces la hinchada entona un canto y mi amigo el hincha poeta los acompaña, pero pronto se entusiasma y los supera, no sólo en volumen si no que, cuando el resto concluye el canto, mi amigo el hincha poeta sigue, agrega versos y estrofas que le bajan del eter como estertores de un demonio que lo posee y se arrepiente. En su garganta explotan floridas adjetivaciones que hacen que el resto de los hinchas se alejen un poco, avergonzados, incapaces de procesar tal volumen de emociones.
Mi amigo el hincha poeta dice que todo hincha es un poeta y que todo poeta es un hincha. En situaciones insospechadas puede asaltarlo una u otra identidad: en la fila del banco festeja un gol que no metió nadie; mientras le practican un tratamiento de conducto recita sonetos incomprensibles. Yo creo que tiene un ligero caso de Tourette no diagnosticado. No se me ocurre otra explicación no religiosa de por qué le brotan así las palabras, cual manantiales de un agua que nadie querría beber.
A veces mi amigo el hincha poeta precisa guardar registro de sus poesías. Escribe tres libros de poemas por semana. Todos los publica en diversas editoriales boutique que supongo temen decirle que no por miedo a despertar su furia apenas contenida en verso.
Lo mismo le sucede en el trabajo, tiene un cargo importante en un banco extranjero y cada tanto, en medio de una reunión sobre balances interanuales, se arranca la camisa para revelar la camiseta y convierte informes minuciosos en torrentes de papel picado.
Hoy lo acompaño a los festejos del día internacional del hincha de Atlanta; extrañamente lo veo tranquilo. Quizás por ser este su día las fuerzas que lo poseen no precisan violentarse para salir, si no que ya están afuera. Mi amigo el hincha poeta me muestra una historia que subió el Club de Atlanta a su cuenta oficial de Instagram: en la historia aparece él, agitando; la historia no tiene el sonido original, lleva una pista grabada, pero yo sé por la expresión en el video de mi amigo, y por las caras de quienes lo rodean, que no está cantando una típica canción de cancha; sé por su expresión y la de quienes lo rodean que está recitando su poesía a viva voz. Un bebé en brazos de otro hincha llora; lo entiendo. A mí también la poesía de mi amigo el hincha poeta me da ganas de llorar.
Ya en la cancha, entre familias, comemos un choripan. Muchos hinchas saludan a mi amigo, el hincha poeta. Lo hacen de lejos, con respeto y con distancia prudencial. Todos esperamos el momento en que mi amigo el hincha poeta explote, ya sea en una canción de cancha o en un rapto de poesía, o en alguna combinación rabiosa de ambas cosas. Pero no sucede. Le pregunto si está bien. Me dice que está tratando de tomarse la vida con más calma. Dice que está grande. Dice que la otra vez unos niños hijos de otros hinchas lo cargaron, y eso lo dejó pensando.
Y ahí mismo, no sé cómo ni por qué, me subo a la primera mesa que encuentro y arranco a batir palmas, a pisar fuerte. Agito el brazo como vi que lo agitaba el hincha poeta en Instagram. Nadie se prende. Me bajo. Le digo a mi amigo el hincha poeta que tiene razón, que capaz hay que tomarse las cosas con más calma. Espero igual que sea mentira, que su calma se deba a una cuestión climática, o que sea un engaño a largo plazo. Un retroceder como hacen las olas, para después volver. Porque lo cierto es que todos necesitamos la pasión, todos necesitamos la poesía. Todos necesitamos un amigo hincha poeta.





Comentarios