• Por Pepe Bigotes, un conejo en Villa Crespo

POR AMOR AL ARTE


Como regla general, odio todos los nombres de negocios que intentan juegos con la palabra “arte”, como por ejemplo una vidriería que se llame “Espejarte”, o una librería que se llame “Empapelarte”, o un restaurante que lleve por nombre “Engordarte”. Dicho esto, mi sueño siempre fue poner una playa de estacionamiento... “Estacionarte”.

En mi cuadra nunca hay lugar para estacionar, es algo de lo que se quejan continuamente aquellos que vienen a verme en auto; yo no manejo, aunque creo recordar que saqué el registro en alguna edición temprana de esta columna (alguien debería chequearlo, ¿Valeria, estás ahí?). Me muevo exclusivamente en transporte público (¿el taxi es un transporte público, no? ¿Valeria?). Esto no quita que mi postura central en la vida es que las playas de estacionamiento son un embole, y necesitan ese toque mágico que sólo proporcionan las fuerzas centrífugas del “arte”.

En Estacionarte, la experiencia del transporte individual público/privado trasciende las barreras del simple hecho logístico para entrar de lleno en el territorio de las meditaciones religiosas transformadoras, propias de filosofías ancestrales como la Danza Jazz. Para empezar, la sucursal Villa Crespo estará cómodamente situada en las altas montañas del Nepal, donde, como todo el mundo sabe, estacionar es tanto un placer como un desafío.

Estacionarte promueve una serie de vuelos en aviones militares reacondicionados para la experiencia civil, con todo desde acceso wi-fi de altas velocidades, hasta un servicio de cocktails inspirado en grandes figuras espirituales de la historia, como Gandhi (Gin con Salsa Inglesa y leche de almendras), la Madre Teresa de Calcuta (Champagne, Cassis, y crotones de pan blanco), o Buda (Ginebra Llave a la mode).

Una vez arribados en Nepal, Estacionarte propone un compañero indispensable para el resto del viaje: un casete (de cromo, de los mejores) compilado por moi, Pepe Bigotes en persona, con grandes éxitos infantiles para toda la familia, incluyendo canciones de la talla de “La Ronda de los Conejos”, “Conejito Blanco”, y “Busca y Destruye”, de la primera época de Metallica, antes de que empezaran a llorar porque la gente baja música de Internet.

Y así llegamos a la montaña, todos cantando. En la montaña nos recibe un simpático sherpa que tomará el control del vehículo: de ahora en más sólo queda relajarse mientras el sherpa hace rebajes en alta montaña dignos de La Corte Suprema vs. El Tarifazo. Ya verán que estos sherpas son como cabras al volante, si es que es cierto eso de que las cabras tienen una alta destreza automovilística; si no, imaginen otro animal que maneje muy bien, y que pueda asociarse a una alta montaña.

En fin. Estacionarte es puro lujo. Falta todavía desglosar algunos ítems menores, a saber, cómo baja y sube uno de y a la montaña sin el coche y sin el sherpa, porque los guachos nada más suben y bajan coches, se hartaron de los occidentales en formato peatón. Hay que hacer una buena campaña de prensa también, para que la gente se entere. Puede ser algo con el Pupi Zanetti.

Dicen que es re buen tipo...

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