• Por Carolina Reznik

MAURICIO KARTÍN, FLÂNEUR DE VILLA CRESPO

“Las calles de Villa Crespo no son simplemente un lugar para llegar a algún lugar, son un lugar, un hábitat. No son una vía, son –en términos urbanísticos- las líneas del deseo, los caminos que crea el caminar.”



Dramaturgo, director, escritor, archivista de fotografía antigua y docente, Mauricio Kartún vive en Villa Crespo desde hace 28 años. Originalmente de San Martín, se mudó primero a Chacarita, luego a los límites entre Villa Crespo y Caballito (el Cid) para, finalmente, instalarse en la calle Vera. Diariamente camina por las calles del barrio no menos de una hora y nunca hace el mismo recorrido: “El barrio lo tengo absolutamente transitado. Recorrerlo es encontrar continuamente sorpresas, espacios nuevos, centros culturales, locales con actividades insospechadas. Hay como una especie de recorrido interminable por el barrio.” Camina porque lo siente como una actividad vital interesante y jamás se propone un recorrido mecánico: “Me gusta más la vieja imagen de principios del siglo XX de los que los franceses llamaban el Flâneur, el que anda por ahí, el que flota, el que vaga, el que navega. Me gusta salir para cualquier lado. A veces me armo estrategias de cierta locura como caminar diez cuadras a la derecha, diez a la izquierda y luego volver y ver a dónde me lleva. O tomarme el subte hacia Urquiza, bajarme luego de dos o tres estaciones y volver caminando hasta aquí entrando por algunos lugares de Chacarita y Villa Crespo que normalmente no incorporo.”



Como muchos habitantes de Villa Crespo, su llegada tuvo que ver en un principio con su ubicación geográfica: “Disfruto de algo que el barrio ha proporcionado siempre: la sensación de cercanía, la comodidad de transporte principalmente por el subte. Si bien tengo coche, a veces pasa un mes y no lo saco.” Pero hoy, casi 30 años después, el barrio se resignifica: “Disfruto de cierto lugar inevitablemente familiar que tiene Villa Crespo. Sigue teniendo una especie de personalidad familiar. De negocios chicos, de negocios en manos de gente que uno conoce… He ido disfrutando el crecimiento en los últimos años y viendo con interés cómo se ha ido reciclando. Por ejemplo, cómo toda la zona tradicionalmente comercial de lo que hoy es Scalabrini Ortiz, antes Canning, que era una zona tradicional de la colectividad judía comerciante y también de los talleres de costura. Todo se fue reciclando en otra cosa. Como empezaron a transformarse en locales, como han ido atravesando los distintos momentos del país pero en ningún momento han manifestado claramente la crisis, siempre encontraron como reciclarse, siempre ha sido en ese sentido un barrio de mucha vida.”


Se formó con grandes maestros como Ricardo Monti, Pedro D´Alessandro, Augusto Boal y Oscar Fessler, por nombrar solo algunos, y estrenó su primera obra –escrita en colaboración con Humberto Rivas- a principios de los 70. A partir de ahí no paró y se convirtió, sin exagerar, en una referencia ineludible dentro del teatro argentino contemporáneo. Al respecto, se niega a hablar de “carrera” porque supone “correr para ganarle a alguien”. Por el contario, imagina su actividad “como esas coreografías del pericón, donde uno toma la mano de uno, la suelta y toma la mano de otro. Y uno va avanzando, bailando continuamente con alguien diferente. Yo pienso eso que me niego a llamar carrera como una especie de trayectoria, de trayecto o de recorrido.”

Si bien en sus piezas lo que prima es el imaginario del conurbano relacionado con el barrio de su infancia, Villa Crespo es “proveedor de imágenes”: “… en esas caminatas en las que uno hace fluir la cabeza en el trabajo de creación una cosa trae la otra, siempre por rebote las imágenes van produciendo algo.”


Además de su extensa y prolífica –usando su propia calificación- trayectoria dentro del mundo del teatro, Mauricio Kartún es docente o, también según sus propias palabras, maestro de dramaturgia. Fue el creador de la Carrera de Dramaturgia de la E.M.A.D (ex E.A.D.) en donde dicta actualmente la materia de taller y es el coordinador pedagógico. Además, es profesor en diferentes materias de la Facultad de Arte de la Universidad Nacional del Centro y dicta continuamente talleres en el interior del país y a nivel internacional. Pero –como sucede con los grandes maestros- no ha perdido la capacidad y el interés por aprender: “Sigo mucho la producción de mis discípulos, me interesa mucho. Cada tanto termino conmovido por la aparición de una nueva voz. Siempre estoy sorprendiéndome e impulsándome en la aparición de una nueva voz. El teatro crece, se va expandiendo (como el mundo con el big bang) con la aparición de nuevas voces. Porque crean nuevas convenciones, nuevas maneras de hacer teatro, formas absolutamente insospechadas. ¿Dónde las ves vos como creador? En otro. Seguramente yo he aportado a otro pero otro me ha aportado a mí. Estar observando lo que hace el otro es extraordinario. Y normalmente la zona más audaz siempre, por razones de naturaleza, es la producción más joven. Porque están menos atados a las formas, porque han creado menos mecanismos matemáticos y entonces se mueven de una manera bastante más libre, más anárquica, más libertaria. Entonces observarlos es también aprender mucho. Disfruto más de los nuevos creadores que de los creadores tradicionales.”


Fotos: Juan Jesús Castro - @juanjesuscastro - @altasecuencia


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