• Por Pepe Bigotes, un conejo en Villa Crespo

NO ME HAGAN HABLAR DE LOS COMMUNITY MANAGER


Valeria renunció. Es difícil encontrar secretaria. Ahora que YouTube hace famoso a cualquiera, una simple virtud como el mecanografiado no aparece en ningún currículo; todo es manejo de excel y cursos de reciclado y fabricación casera de compost, stand up, algún idioma. Son todos community managers ustedes, eso son, community managers: que te subo un videito de un tema que no está de moda, una foto de mi gato con peluca en los bosques de Palermo, una foto de Palermo con peluca y un gato en los bosques de ídem... En mi época íbamos a la plaza de Olaya y Antezana, a patear una pelota y decirles chanchadas a las chicas. Ahora la plaza tiene piso de goma eva, ¿y sabés de qué está llena? De community managers con sus hijos sacando fotos para subirlas al instante a cuarenta redes sociales distintas, algunas que todavía ni existen. Y la última vez que le dije una chanchada a una chica me comí un escrache que me dejó chocheando. Me *#$% en los community managers. Ponele, en Parque Centenario hay más gente corriendo que sentada. ¿Y sabés qué son toda esa gente que corre? Community managers, que no aguantan más las ganas de sacar el telefonito y colgar una foto en su muro que muestre que hoy corrieron, porque el sedentarismo es el nuevo cigarrillo, compren en verdulerías orgánicas, no vacunen a sus hijos. Perdón si me voy por las ramas. Es que tipeo con la naricita y la patita derecha, porque la izquierda tiene tendencias anarcosocialistas (que no comparto). Quiere poner, por ejemplo, que está todo mal con las rejas del parque; que la naturaleza es libre; que los que estamos encerrados somos los de afuera; todo para al final decir que en el Parque Centenario hay mucho pato y cisne, pero poco conejo. Tan poco pide un conejo para ser feliz: diario limpio en la jaula, alimento balanceado y verduras de las duras, batata, zanahoria, manzana, banana, pera, algún pan viejo para roer, 4G, una clave de Netflix compartida. El Parque Centenario debe el nombre a su inauguración allá por 1910, centenario de la Revolución de Mayo, dice la wiskypedia. Suena lógico. También dice que en 1953 se terminó la construcción de un anfiteatro llamado Eva Perón, con capacidad para 10.000 personas, en honor a la mujer del General Chino Zorrillo. Pero poco duró esa joda porque se vino todo en banda con la otra revolución esa, la del 55. El anfiteatro se incendió en 1959, y en clara actitud militar, en los setenta se construyó un lago artificial justo encima del fuego, cuya consecuencia fueron los patos y cisnes esos que tanto les gustan a los community managers. En el lago ahora nadan peces carpa, que deben haber quedado de la época en que la gente acampaba para quejarse por las rejas. Cuac. Silencio, pato. Pero qué te puedo decir... yo igual me voy con mi matecito, mi radio a pilas, mis chanchadas ocurrentes que me guardo porque las pibas de ahora ya no se comen ninguna, y alguna frugal docena de facturas con mucha crema pastelera, para contrarrestar la amargura que me produce ver a tanto community manager, y yo sin cuenta de twitter. PD: Valeria, si llegás a ver estas palabras, volvé, no encuentro el cuchillito de pelar salame, y me olvidé cuándo es mi cumpleaños, que en sí no importa, pero también es la contraseña de hotmail. Te necesito. Pensalo. Y después volvé.

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