• Malena Higashi

BITÁCORA DE FAMA BOUTIQUE

Sábado 2 de febrero, 11.15hs.

Es un día excepcional: me levanté temprano y salí a hacer compras variadas. Llevo algunos números de AVC en mi cartera, de regreso a casa de paso por Fama Boutique. Quiero dejarle un ejemplar a la dueña y contarle que me gustaría entrevistarla para el próximo número de la revista. Toco timbre en Malabia 212. Me presento, ella se presenta, Sonia. Enseguida me alcanza un número viejo de AVC, “ya salimos en la revista”, me dice señalando una foto de la sección “Vidrieras” en donde posa junto a su hija Diana. Diana está ahí mismo, me saluda. Atiende a dos clientas. Les cuento que esta nota será más extensa. “Hace 48 años que estamos acá, no tengo mucho más para decir”. Insisto. Fama Boutique es para mi un reducto exótico, un palacio del kitsch, una caja llena de secretos por revelar, pero simplemente le digo que me encantaría entrevistarla. “Entonces mejor vení en la semana, el martes después de las 16hs”.

Martes 5 de febrero, 16.30hs.

Llego, toco timbre, no hay nadie. Sonia estaba tomando mate mientras miraba un programa de la tarde. Es la segunda vez que entro a la Boutique pero esta vez la puedo ver con más detalle. Detrás del mostrador hay un pequeño living. Sonia me pide disculpas, tuvo un día ajetreado y encima su hija no está. Prefiere pasar la entrevista para el lunes que viene. Aprovecho que no hay nadie para mirar entre los percheros. No hay dos prendas iguales. Todos los cortes y estampados son distintos. Parece una curaduría de remeras, camisolas y vestidos colgada en perchas. Encuentro una pollera entallada que parece de satén y colores de atardecer de Polinesia. Pero tengo una panza de siete meses y no me animo a comprar nada hasta que el bebé nazca y me vuelva a reencontrar con mi nuevo cuerpo. Abundan otro tipo de telas y estampados: algodón, polyester, hilo, modal, motivos floreados, arabescos, rayas, lunares, leopardo. Sonia me observa mirar las prendas hasta que se para. Empieza a buscar entre las perchas todos los remerones que podrían ajustarse a mi talle. Usa palabras como “holgado, fresco” porque sabe que me quedan los dos últimos meses de verano para encarar con este cuerpo XL. Me muestra una blusa sin mangas a rayas, blanca y negra que se ata abajo como si fuera un top. Sigo pensando en la pollera. Me pide que vuelva la semana que viene para esta vez sí, concretar la entrevista. El lunes. “Llamame antes por las dudas”, dice entregándome una tarjeta del local. En el camino de vuelta a casa me deleito mirando desde todos los ángulos esta tarjeta de 10x7. “Fama Boutique”, dice con una tipografía que remite al heavy metal, a algo de la década del 70 ́, 80 ́. Es la misma tipografía del cartel de la vidriera. Y ese ojo solitario en el centro. Podría ser la tarjeta de una óptica, pero el ojo está todo maquillado, mira fijo. En el país de mis ancestros las tarjetas personales son moneda corriente y para mi, revelan mucho acerca de la persona. Este ojo, esta tarjeta me hipnotizan como la vidriera del local. Pero ese es ya un tema aparte.


Lunes 11 de febrero

Habíamos quedado a las 15hs pero como me había advertido que llame por las dudas llamo. “Ay querida, disculpame, pero mi hija no está hoy acá. Llamá el jueves a las 16.30hs”. Pero ese jueves yo no puedo. La entrevista se sigue postergando.


Viernes 15 de febrero: La vidriera de Fama Boutique

Voy de paso por la calle Malabia, toco timbre en la tienda para ver si engancho a Sonia y a su hija. Veo desde afuera la tele prendida, los ventiladores prendidos que, con su viento, hacen mover las prendas colgadas de los maniquíes. Mientras espero, espío desde afuera. Me doy cuenta de que Sonia cambió toda la vidriera: los maniquíes lucen prendas distintas a las de hace unos días.

Pasan los minutos, nadie atiende. Miro de cerca los muñecos que se mueven con la energía del sol en la vidriera, creo que son la gran atracción del lugar y muchas veces he visto gente pararse a mirarlos: de izquierda a derecha, una hawaiana que baila el hula hula, un rubio musculoso, un itamae (la persona que hace sushi), una geisha en kimono y una española vestida de flamenco. De perfil, observa toda esta escena un muñequito de Queen Elizabeth, Her Majesty. Como está de costado se ve bien su corona y la cartera que cuelga de su hombro. Pasan los minutos, nadie atiende. Pero los muñecos me mantuvieron entretenida y me voy contenta.


Lunes 18 de febrero

De nuevo, voy de paso por la calle Malabia. Es que vivo cerca y Fama Boutique siempre me queda de paso. Toco timbre una vez más. Esta vez están Sonia y Diana, charlan frente a la tele como si estuvieran en el living de su casa. Diana enseguida se para, le cuento la serie de desencuentros que tuvimos. Me dice que tendré que venir después del 20 de marzo porque se van de vacaciones y cierran. Le explico que tengo fecha para el 30 de marzo. “Bueno, vemos”, me dice. Yo no me resigno. Desde que empezó el mes que estoy con este tema en la cabeza y siento que, antes o después de la llegada de mi bebé, voy a hacer esta nota. Ya es una especie de misión, un desafío que me impongo.

Arquitectura

Maniquies de medio cuerpo, dos

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