• Por Pepe Bigotes, un conejo en Villa Crespo

CHAU PUCHO, HOLA FEMINISMO


¿Quién soy yo? ¿Quiénes son ustedes? Preguntas milenarias, o la premisa básica del juego de mesa “Quién es quién”. ¿Tiene bigotes? En mi caso la respuesta es sí, siempre. Soy Bigotes.

(Acabo de dejar de fumar. Recién. Hace como cinco minutos. Ya sé. Es muy reciente. Tal vez no sea tan importante para ustedes como para mí; es difícil a veces la empatía. Pero siento un aire nuevo en mis pulmones que me dice que todo es posible; también una ansiedad que me carcome las uñitas.)

A veces pareciera que al mismo tiempo el mundo va para adelante y para atrás. La televisión muestra un pañuelo verde -símbolo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito- pero aún le habla a Doña Rosa; existen leyes de aborto legal y educación sexual, pero su cumplimiento queda sujeto a caprichos morales y locales; se vota una ley de cupo para la representación política, pero eso dispara una discusión sobre la idoneidad de las candidatas - como si sus contrapartes masculinas hubieran accedido al cargo por gracia divina (más bien por “gracias, divina”).

No sé. Soy un conejo que sale poco. Tengo el pronóstico reservado. Pienso igual que tapar a la mujer, o culparla por la falta de tapujos, es todo un mismo tango: en otras partes del mundo las obligan a usar burkas, por acá las cuestionamos como víctimas en función de cómo iban vestidas.

Pero pareciera que todo lo que hacen “las mujeres” se lee a través de cómo eso hace sentir a “los hombres”. Mujer servicio; servicio doméstico, reproductivo, sexual, laboral. Mucamas, mamás, yiros, secretarias; a la cocina, a la cuna, o al Bailando.

Son pocos rótulos para casi la mitad de la especie humana, reforzados siempre por una cuota de biologicismo, porque no hay mejor explicación ni demostración de cualquier cosa que las propias leyes naturales del universo, un practiquísimo manual siempre al servicio del sentido más común. Porque si todo es así, debe ser porque todo debe ser así…

Quizás valga la pena recordar al paso algunos ejemplos de cómo la tostada del género en la naturaleza -el llamado “orden natural”- no cae siempre del mismo lado, a saber: en los hipocampos, el varón es quien lleva el embarazo, los pingüinos hacen películas donde se ve a los padres cuidando a los huevos mientras las madres buscan comida, y… las mantis devoran durante el acto sexual la cabeza del compañero que, notablemente, no por eso se detiene.

No sé qué significará esto para nosotros los conejos, o para ustedes los humanos; la naturaleza es tan vasta que sirve para justificar cualquier cosa; quizás sólo sea edificante recordar que ni “la naturaleza” ni “los hombres” ni “las mujeres” son “una cosa”. En fin. Reflexiones…

Y ahora me voy porque el teclear llama furiosamente al tabaquismo.

Hasta la próxima, los saluda calurosamente…

un conejo.

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