• Por María Sol Aliano*

SI LLUEVE O SALE EL SOL


Entrevistamos a Carolina Vera, Doctora en Ciencias de la Atmósfera con más de 30 años dedicados a estudiar el Cambio Climático.

«El aleteo de una mariposa en Buenos Aires puede ser la causa de un huracán en Tokyo», enuncia la teoría del caos. Y es en ese marco de hiper-complejidad e imprevisibilidad en el que se encuadran las ciencias de la atmósfera y la meteorología.

Carolina Vera nació en San Nicolás pero a los dos años ya estaba mudada a Buenos Aires. Vivió en varios barrios, pero Villa Crespo resultó el elegido para quedarse con su familia, a pasos de la cancha de Atlanta. “Nos gusta lo céntrico del barrio, que estás cerquita de Corrientes donde te conectás con todo, pero también su diversidad. Como conviven almacenes con talleres mecánicos y casas históricas”.

Carolina es Doctora en Ciencias de la Atmósfera. Lleva más de 30 años dedicados a estudiar qué pasa en el cielo y como éste interactúa con la tierra. Trabaja en el Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera (CIMA) dependiente de la Facultad de Exactas de la UBA; de la cual fue su primera vice-decana en 2006, “y donde todavía no hubo decana mujer” comenta cuando hablamos del tema de género en la ciencia. Tanto estudio y trabajo la llevaron a convertirse en la Vicepresidente del Grupo sobre Bases Físicas del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC).

Según nos cuenta, en la elección de su profesión tuvo mucho que ver su madre (¿en la de quién no?), que allá por los tiempos de su infancia, en su San Nicolás natal, cada vez que se avecinaba una tormenta los invitaba a salir a contemplarla. Lejos de asustarse o procurar resguardarse, su mamá los animaba a que la disfrutaran, la descubrieran. A que observaran sus luces y oyeran sus sonidos. Estos recuerdos fueron claves cuando a los 18 años se decidió por meteorología.

El pronóstico del tiempo forma parte de nuestra vida cotidiana. Todos alguna vez quisimos saber si llovería durante el fin de semana o el día de la fiesta programada. Y todos alguna vez habremos sacado a pasear un paraguas en vano porque la lluvia finalmente no llegó. Pero, ¿qué hay detrás de un pronóstico del tiempo? ¿Cómo se construye? “Los pronósticos del tiempo se basan en modelos globales que toman información de todo el mundo. En ese sentido las ciencias de la atmósfera son muy colaborativas, todos los países comparten sus datos ya que nadie puede hacer un pronóstico sin los datos de los demás. Estos modelos numéricos resuelven en la computadora ecuaciones que describen la atmósfera y así se realizan proyecciones del clima para distintas escalas temporales y espaciales”.

La tecnología avanza vertiginosamente y nosotros no podemos entender entonces cómo todavía hay errores en estos pronósticos. Carolina lo lamenta, pero nos trae una mala noticia: “aún con modelos perfectos, los pronósticos siempre estarán sujetos a errores por la naturaleza caótica de la atmósfera”. Hay fenómenos en la atmósfera que dependen de un sinfín de variables, cuyas combinaciones son múltiples y por lo tanto también los son sus posibles resultados. Teoría del caos, que le dicen. Un aleteo de más de una mariposa en Tokyo cancela una tormenta en Villa Crespo.

Sin embargo, han avanzado mucho en poder estimar condiciones climáticas promedio para períodos de tiempo más largos. Esto es útil tanto en el corto plazo como en el largo plazo (para proyectar las condiciones que tendrán lugar a lo largo del siglo con distintos escenarios de calentamiento global). Dicho de manera más simple, para saber cuáles pueden ser los efectos del famoso cambio climático.

Las consecuencias de los eventos extremos no sólo tienen que ver con su magnitud, sino también con cuán preparada está la sociedad para actuar frente a ellos y a cómo los percibe. “A los tornados se les ponen nombres, los cuales están definidos con mucha anticipación. Al respecto, un estudio concluyó que aquéllos con nombres de mujeres suelen tener impactos más severos porque la gente piensa que no serán muy fuertes y responde más tardíamente a las alertas” cuenta Carolina. Además de mostrar cómo la cuestión de género se mete en los lugares más recónditos y termina haciendo daño, esta situación nos habla de la importancia que tiene la respuesta y preparación de los ciudadanos frente a las catástrofes climáticas.

En un escenario de cambio climático como en el que vivimos, donde los eventos extremos serán cada vez más frecuentes y severos, es importante mejorar los sistemas de alerta y preparación. Y en esto las ciencias exactas encuentran un techo. Por eso Carolina trabaja junto a expertos de las ciencias sociales así como miembros de comunidades potencialmente vulnerables para diseñar en conjunto las estrategias que les permitirán estar preparados cuando se acerquen estos fenómenos. “Es lo que se llama co-diseño y co-producción: poner a las comunidades a pensar cómo reaccionar frente a estos eventos. Trabajar con la comunidad para desarrollar mapas de riesgos así como planes de contingencia y evacuación. Es necesario que la gente se haya apropiado de estos planes para que después los utilice, y la única manera de lograr esto es que la gente participe desde el principio en su elaboración. Son problemas socio-ambientales, entonces la ciencia sola no alcanza. No se puede simplemente bajar una indicación, es necesario trabajar con la población para evitar y disminuir daños.”

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