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EL GRAFFITIMUNDO DE VILLA CRESPO

En Villa Crespo las paredes tienen identidad propia. En ellas se cuentan historias, se dejan mensajes y se despliegan obras maravillosas. Caminar por el barrio no solo es celebrar románticas pintadas azules y amarillas que declaran amor por Atlanta y Villa Crespo, también es encontrarse con obras de reconocidos artistas locales, maravillarse ante un gran Mao con fantásticas visiones, emocionarse con un poema dedicado al barrio, descubrir un homenaje al Gauchito Gil, ver un playmobil custodiar la esquina y pasar en bicicleta ante mil grullas volando… Las paredes de nuestro barrio están vivas, hablan, mutan. Hasta se nos hacen imprescindibles si las cruzamos a diario y nos llevan a preguntarnos quién, cuándo y qué historias existen detrás.

Para develar estos misterios y mientras nos preparamos para el próximo tour AVC del graffiti el próximo 14 de mayo, hablamos con las hacedoras de Graffitimundo. Este interesante proyecto colectivo nació hace ocho años de mano de dos chicas inglesas que se conocieron paseando por Buenos Aires y a quienes les interesó elaborar un tour para mostrar la escena del arte urbano local. Se pusieron en contacto con algunos artistas referentes de ese momento y así se fue armando la red. Hoy el proyecto es coordinado por Cecilia Quiles, Mimí Carbia y Melissa Foss junto a un grupo de colaboradores entendidos.

Para Melissa, ver qué es lo que hacen los artistas es inspirador. “Estar en contacto con esa creatividad es muy alentador, además de que disfruto estar involucrada permanentemente en muchos proyectos”. Es que además de los tours en inglés, Graffitimundo arma recorridos con los colegios y tours gratuitos una vez al mes, llevan adelante la galería UNION, con la que realizan exposiciones en todo el mundo para difundir la escena local y brindan talleres. En mayo estrenan en Canadá el documental “White Walls Say Nothing” (“Las paredes blancas no dicen nada”), al que le seguirá la publicación de un libro. Todo con el objetivo de conectar a las personas con el arte y sus creadores.

Quién mejor que ellas para iluminarnos sobre los murales de nuestro barrio. Así nos enteramos de que en Villa Crespo se gestaron grandes creadores. Jaz, Ever y Pastel, por ejemplo, son tres reconocidos artistas urbanos para quienes pintar en Villa Crespo es pintar su barriada. “Conocen a los vecinos. Tienen el taller sobre la calle Padilla, donde solían preparar pinturas y dibujos para luego salir a plasmarlos en grande en las cuadras cercanas a su taller. Hoy los tres viajan por el mundo pero el taller sigue en funcionamiento y ahí caen en sus vueltas a Buenos Aires”, cuenta Cecilia.

Jaz (Franco Fasoli) es reconocido como uno de los primeros grandes artistas en pintar las calles de Buenos Aires a mediados de la década de los 90. Empezó haciendo graffitis para luego volcarse a pintar grandes murales donde usaba materiales tan variados como látex, gasolina, pintura en aerosol y alquitrán. También ilustró el libro “Las Calles de VIlla Crespo” (Ed.La Comarca, Bs.As, 2014) con poemas de Mariano Fiszman. Se pueden encontrar algunos de esos poemas pintados por el barrio.

Ever (Nicolás Romero), al igual que Jaz, también empezó como grafitero. Sus obras tienen un gran colorido y se las puede reconocer porque suelen ser retratos de Mao o personajes chinos donde ríos de sueños brotan desde los ojos.

Pastel (Francisco Díaz), por su parte, es un artista y arquitecto muy interesado por la historia. En sus obras está muy presente la flora y la fauna, como la pared sobre la calle Padilla donde pintó hojas que son como puntas de flechas haciendo alusión a la guerra de la triple alianza contra Paraguay.

Otra muralista que tiene peso en el barrio es Georgina Ciotti, quien trabajó nada más ni nada menos que con el director Guillermo Del Toro. Ciotti hizo este año su primera muestra individual en Unión y actualmente le dedica mucho tiempo a sus clases y al trabajo en su estudio. Todos los años, los alumnos de su taller salen a pintar en Villa Crespo las paredes de la escuela de Luis Viale y Rojas.

Cecilia nos cuenta que todos estos artistas suelen invitar amigos muralistas internacionales ya que, en el arte urbano, las obras en colaboración son fundamentales. En Villa Crespo es posible encontrar ejemplos de artistas trabajando a la par donde se mezclan estilos y técnicas diversas. Algunos, lamentablemente, desaparecen, aunque viven en la memoria colectiva. Como el legendario mural de la esquina de Aráoz y Loyola, colaboración entre Ever y el belga Roa, que mostraba la cabeza de Mao sostenida por comunistas chinos mientras otros tiraban de unas cuerdas atadas a un lobo marino. En este caso el mural fue pintado sobre la pared de una casa abandonada que hace un tiempo fue vendida.

“Lo lindo de Villa Crespo es que es muy barrio pero al mismo tiempo se instauró una movida local joven”, dice Cecilia. En relación al arte urbano, cree que “en los últimos años, la escena floreció y evolucionó a otra cosa. Mucho de lo que era espontáneo se hizo más organizado. Los artistas maduraron en la calle y saltaron hacia otros rubros. También hay artistas visuales usando la calle, y artistas callejeros que se volcaron hacia nuevas técnicas y nuevos enfoques, que hoy hacen instalaciones, collage, esculturas”.

Llegando a Villa Crespo desde Palermo por Malabia, si uno mira para arriba se encontrará con dos gigantes dragones gemelos, pintados en 2014 por Leandro Frizzeti y Spok. Hyuro, la artista argentina que vive en españa, cuando vino a Buenos Aires no se fue sin pintar en Villa Crespo dos murales donde las mujeres son protagonistas. Caminando por la zona tuning de Warnes o por los outlets a la hora que cierran los locales la escena puede volverse muy interesante. Las persianas bajas son pizarrones para los artistas que quieren dejar marca. Por allí pueden verse dibujos de Pum Pum, otra artista reconocida de la escena, famosa por sus personajes aniñados tan coloridos.

Qué lindo es cruzarse con el mural homenaje a Villa Crespo que pintó Matemurga o con los coloridos murales de Mart Aires, reconocido artista que pinta figuras y bicicletas con trazos descontracturados. En Corrientes y Julián Álvarez, un largo cocodrilo da vuelta la esquina. En el límite con Chacarita, donde está el distrito audiovisual, las pintadas homenajeando al cine nacional se dan cita en las esquinas. También en la manzana de Aguirre, Castillo, Fitz Roy y Bonpland, las paredes que rodean la terminal del colectivo 76 y las paredes cercanas fueron intervenidas varias veces. No hace tanto cada artista propuso pintar su versión de Homero Simpson.

Como bien escribió Mariano Fiszman, autor de “Las Calles de Villa Crespo” en el blog de EdM, “Estas pinturas no van a durar setecientos años, no van a durar ni uno antes que el mismo que las pintó o un colega les pinten otras encima, o antes que lleguen unos inversionistas demoledores. Son efímeras pero se multiplican, surgen en cualquier resquicio, nos rodean, como las construcciones nuevas pero en sentido contrario. Ponen en la calle toda la creatividad y el entusiasmo de estos pibes que atacan la cara de la ciudad para dibujarle otra, no ratoneras a crédito ni tinglados, paredes dadas a todos sin pedir nada, gracia, colores, corazón y delirio, sobre todo delirio en esta lucha”.

La belleza está en la calle, solo nos queda disfrutarla.

graffitimundo.com

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