JAPĆN EN VILLA CRESPO
- Malena Higashi
- 17 nov 2015
- 4 Min. de lectura

En una zona residencial del barrio se encuentra Nishi, una pequeƱa tienda de objetos japoneses y nórdicos. Virginia abrió sus puertas hace dos aƱos y hace ocho que vive en Villa Crespo. Se disculpa por el ādesordenā que hay, pero ese aparente desarreglo, la hospitalidad de Virginia -que ademĆ”s usa un delantal grande de lino con bolsillos muy tĆpico de las nipponas-, todo eso te hace sentir como en Japón. En japonĆ©s Nishi significa Oeste. El nombre lo eligió junto a su hermana Adriana -la creadora de los muƱecos de Miga de Pan-, porque vienen del Oeste, de Haedo.
En Nishi abundan los elementos de bordado, actividad a la que Virginia se dedica con mucho entusiasmo: hay tijeras japonesas y para fin de aƱo habrƔ tambiƩn agujas para bordar sashiko (tƩcnica de bordado japonesa) y dedales. En el local hay cartucheras y pins de Totoro, washi tapes, papel de origami y papel para envolver diseƱado por la diseƱadora Miho Sasaki.


Locales de diseƱo hay muchos, pero hay algo que hace de Nishi un lugar especial. Virginia explica que la idea era vender cosas que no habĆa en otras tiendas. āPocas cosas pero lindasā, dice. Y es asĆ tal cual. Los pequeƱos tesoros exhibidos son Ćŗnicos
Desde la vidriera, del lado de adentro, se ve la casa de enfrente. Sobre el balcón principal, dos leones custodian en la altura unos macetones de los que cuelgan plantas. Ese es el encanto que tiene Villa Crespo; el kitsch que convive con un pequeño local kawaii, digno de un barrio tokyota como Shimokitazawa. Como Japón, Nishi es una pequeña isla en un océano porteño.
Nishi: Acoyte 1379
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FB: nishideco
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A unas pocas cuadras de Nishi, en Murillo 724 se encuentra Nikko, una pequeƱa tintorerĆa. Una vidriera con plantas, el infaltable calendario, un reloj en la pared, alfileteros y el diario sobre la mesa de la plancha son los elementos que zencuentro y me recuerdan a la tintorerĆa de mi abuelo Yoshio. DetrĆ”s del mostrador te recibe Seiko Arakaki, un japonĆ©s oriundo de Nakagusuku, Okinawa. Seiko tiene 68 aƱos . De sus clientes villacrespenses dice que son muy amables y que son viejos conocidos porque ya lleva 41 aƱos acĆ”. De ese lapso de tiempo, Seiko hace un anĆ”lisis breve pero tajante: hasta los aƱos 80 hubo mucho trabajo, pero a partir del aƱo 90 las cosas se pusieron difĆciles y durante dos aƱos la tintorerĆa permaneció cerrada porque Ć©l volvió a su Japón natal a trabajar. El regreso no fue fĆ”cil, pero a fuerza de trabajo salió adelante.

Le pregunto si le gusta lo que hace. āYa hace 53 aƱos que me dedico a esto. El cuerpo incorporó el trabajoā, responde de manera muy japonesa. Y enseguida me cuenta que enseƱa karate y zazen en un centro cultural que nuclea a los inmigrantes de su pueblo y que lleva su nombre, Nakagusuku (JosĆ© MarĆa Moreno 531). Lo que evidentemente le entusiasma es eso, y en esa dirección empieza a fluir la conversación. āEstudiĆ© karate acĆ”, desde el aƱo 70.Toda la vida trabajando, haciendo deporte y enseƱandoā, dice.
El zazen es una prĆ”ctica de meditación que se hace sentado. Quiero saber quĆ© es lo importante: āSolamente hay que concentrarse en inhalar y exalar. Hay que sentarse y experimentar, el cuerpo hay que experimentarlo uno mismoā, resume. Y agrega: āEs dificil, pero no es imposibleā. Con la sutileza que caracteriza a los sensei de toda prĆ”ctica oriental, el seƱor Seiko termina por dejarnos una gran lección.
TintorerĆa Nikko: Murillo 724
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A simple vista pareciera que GuaranĆ PorĆ” poco tiene que ver con la temĆ”tica de esta nota. Se trata de un local de productos artesanales de la región guaranĆ. Piezas Ćŗnicas, de materiales orgĆ”nicos. Arte popular hecho a mano. TĆ©cnicamente se encuentra en el barrio de Palermo, aunque a pocos metros de Villa Crespo. No pude resistir la tentación de incluirlo porque hay un vĆnculo. La historia es asĆ. En el aƱo 2012 Caro Urresti inauguró este espacio novedoso, y en su afĆ”n por difundir las tradiciones y la labor artesanal del Paraguay, buscó la manera de abrir un taller de ƱandutĆ, un tejido tradicional que imita el tejido de una telaraƱa, originario de la ciudad de ItaguĆ” (āaraƱa blancaā en guaranĆ). AsĆ dio con Dina Mereles y su marido AntolĆn, maestros de la tĆ©cnica pero ademĆ”s conocedores de primera mano de la cultura guaranĆ. Se armó un grupo al que se sumó una chica japonesa, Kumiko Kuno. Ella vino a Buenos Aires acompaƱando a su marido, profesor de literatura latinoamericana con un posgrado por delante en esta ciudad. A Caro le llamó la atención el hecho de que Kumiko tomara nota, porque la transmisión del ƱandutĆ es mĆ”s bien oral. Un cuaderno Rivadavia a lunares, diccionario, machete. āEra estudiosa y perfeccionistaā, recuerda. Pero cuando lo vio, se dio cuenta enseguida del valor que tenĆa. Y tiempo mĆ”s tarde le propuso editarlo. El resultado fue la publicación El cuaderno de ƱandutĆ de Kumiko que ya agotó su primera edición y del que pronto saldrĆ” una segunda tirada.

Caro no se explica cómo, pero a GuaranĆ PorĆ” se acercan muchos japoneses en busca de un souvenir, un objeto Ćŗnico. āEl japonĆ©s entra acĆ” y conecta directamente con las piezas. Es mĆ”s visceral su conexión con ellas, a diferencia de los argentinos, que rĆ”pidamente te preguntan cosasā, cuenta.
Este aƱo GuaranĆ PorĆ” desembarcó en Japón: primero a modo de pop-up store, pero a raĆz de esa experiencia Gran Pie, una tienda con una tradición de 45 aƱos en Kioto se interesó por las piezas, que ahora se pueden conseguir tambiĆ©n allĆ. Todo esto gracias a Rina Ishizuka, otra alumna japonesa del taller que, junto con Caro, estaba convencida de que un pedacito de Paraguay y de Argentina, merecĆan un espacio en el paĆs del sol naciente.
GuaranĆ PorĆ”: Ravignani 1441
FB: guaranipora
