• Pepe Bigotes, un conejo en Villa Crespo

ALGO SOBRE LAS FIESTAS

Actualizado: 3 abr



No hace falta ser conejo -aunque siempre ayuda- para oler la extrañeza que emana de las actividades humanas sucedientes entre el 15 de diciembre y el 10 de enero de cada año; algo agita a los primates en los bordes del calendario y, en un esfuerzo garrafal investigativo, este conejo asoma la naricita por detrás del cocktail para señalar sólo algunos de los motivos que abonan el florecimiento de dicha anomalía en este análisis profundo de... LAS DOS GRANDES FIESTAS.




Respecto de las navidades


“Papa Noel existe en la forma de una conspiración de cariño y consumo, pintada de rojo y blanco por las multinacionales del azúcar. El consumo suele traer emparejada una alegría triste, envidiosa, que no abunda en abundancia si no en todo aquello que no nos regalaron. “A bunda” en portugués, según me informan fuentes oficiales, es una cola. La cola -el culo- es suerte. A les niñes les dicen que los regalos son para aquellos que se portan bien; lo cierto es que tienen suerte. La mentira es un lujo que envolvemos de regalo para las fiestas.”

El párrafo anterior va entre comillas porque fue escrito antes que el resto de esta columna, y por lo tanto ostenta un carácter mucho más “serio” que todo lo que viene a continuación y lo que le precede, debido a que entre una sentada y otra hubo mucho turrón y alcoholes gasificados, materiales que atentan contra la reflexión, y contra la flexión en general, salvo cuando en demasía producen un efecto paradójico y te dejan “doblado”.

Lo cierto es que de niño nunca tuve Navidad porque, como dice el poeta popular, “mi familia es judío”. Pero tanto te venden en las ficciones audiovisuales que el-espíritu-de-la-navidad-esto, que el-espíritu-de-la-navidad-aquello, que con mi hermana un año tuvimos que darnos el gusto y, medio ocultos en el garage, tomamos un palo de escoba, lo revestimos de papel crepe verde, le colgamos unos alambres con borlas y… mi abuelo casi nos echa de la comarca a chancletazos.

Pero ahora que estoy casado con alguien que proviene de una familia “de la otra fe”, y tenemos una hija en edad de creerse que un tereso en la calle es “bosta de reno”, hemos adoptado las Navidades, así que, punto para el consumo.

Espero igualmente con ansias pronto poder pincharle la burbuja y atribuirme aunque sea un tercio de todos esos regalos que se supone le trajo Santa, que mucho Jo Jo Jo, pero poco “¿preferís transferencia bancaria o mercado pago?”. Y lo malo del regalo como estímulo moral es que le quita mérito al regalante, y que por lo general a nadie le importa la moral de los adultos.


Respecto del año nuevo


Año nuevo es echarle la culpa al sol. De todo. Cuando terminamos de pegar la vuelta, resulta que el origen de todos nuestros males se origina en aquel poder místico que le otorgamos a la última rotación y su rótulo numérico. Que el 2021 fue esto, que fue aquello, que la próxima rotación va a ser mejor, o peor, o la madre de todas las tragedias: igual.

El número de la bestia no es el triple seis, si no el año en el que estamos, o el que pasó. La culpa es de las estrellas. Aunque dice el famoso astrónomo que estamos hechos de ellas, algo que puedo categóricamente afirmar, ya que tengo la napia de Barbra Streissand, y el cuerpo de Orson Welles, cuando ya era más Welles que Orson.

Entonces, la onda de cargar tintas en la astronomía nos acerca a la astrología, y al lavado de manos de atribuirle al Cosmos lo que es de Carl Sagan. Ah, y año nuevo es la circuncisión de Cristo, por si ningún judío te lo dijo este año.


Bueno, eso tengo para decir de las fiestas “hegemónicas”; eso y salud, que es una invitación a brindar y un deseo de que estén bien, de mi corazón al suyo. Porque estas rotaciones vienen bravas. Y siempre ayuda un abrazo de conejo…


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