• Malena Higashi

A BRILLAR MI AMOR

La historia de Mumi es la de una emprendedora que de a poco se fue volcando cada vez más a su sueño: el de tener un local propio con prendas cuidadas en cada detalle del proceso. Brilla Gringa es una marca de lencería contemporánea/ atemporal que tiene como premisa la comodidad, el amor propio y una mirada necesaria (pero no tan obvia) acerca de qué es la ropa interior: una prenda que es en primer lugar para una misma. En el camino, una cadena amorosa de mujeres que se fue cruzando y que forman parte de Gringa de un lado o del otro del mostrador: como parte de su equipo o las muchas mujeres que usan sus corpiños y bombachas, bikinis y calzas y que por fin se sienten cómodas con las prendas y contentas con sus cuerpos.

Un vistazo rápido de los números en la vida de Mumi arroja que hace 10 años se vino de su Santa Fe natal a vivir a Buenos Aires. Hace 5 que empezó con su marca soñada de ropa interior, Brilla Gringa. Hace 4 que fue mamá de Juana. Y hace un año que se dedica de lleno a su proyecto personal.

Su formación de diseñadora gráfica le dio un trabajo en el Ministerio de Educación de la Ciudad. En paralelo Mumi nunca se quedó encorsetada en ese trabajo: entre otras cosas trabajó para marcas como Chicco Ruiz y DAM e hizo un curso de lencería. Ese fue el puntapié inicial: “Saqué la modería e imaginé un poco lo que quería hacer. Arranqué cortando las telas y las mandaba a coser a una costurera. La idea era hacer prendas cómodas, sin broches ni aro. Y como soy diseñadora gráfica siempre pensé en la comunicación detrás de la marca”.

Mujer, naturaleza, suelta, húmeda que truena

Detrás de las prendas de Brilla Gringa hay una ideología, un mensaje que nos interpela. ”La lencería siempre estuvo pensada para seducir a otro y hay un estereotipo: que todo es chiquito, sexy, una cola sin celulitis, sin panza, con lola. Una no se reconoce en eso, empecé a pensar realmente una prenda para una y no para los demás. Pensé qué era lo cómodo y había algo que estaba en estas palabras: “mujer, naturaleza, suelta, húmeda que truena”. Es eso, una mujer libre que a la vez se sienta bien en lo sexual, en las ganas de enojarse. Ahora lo pienso y me parece muy actual pero es de hace 5 años. Mi inconsciente generó algo que después de un tiempo entendí”, dice Mumi. La maternidad también le abrió una nueva dimensión en el campo de la lencería. Cuando nació su hija Juana, se dio cuenta de que los corpiños Gringa servían para amamantar. “Encontré un nicho porque en el embarazo y el puerperio, el cuerpo cambia. Encontrar prendas que te sean amables, que te entren, que tengas variedad. Que haya color, que no sean neutros. Creo que al no venir del palo de la indumentaria me animé a explorar más por otros lugares. El no conocer te da libertad, también me equivoqué pero soy de la prueba y error”. La marca fue creciendo poco a poco y la manera en que circulan las prendas y lo bien que se sienten se ve reflejado en los comentarios que recibe Mumi, en la cantidad de selfies con sus bikinis y conjuntos de ropa interior que recibe de clientas felices. En el 2018 no necesitó hacer fotos de las mallas que sacó porque la iban etiquetando en fotos y stories que ella reposteaba. Chicas en la playa, en el río, en el living. Gringas sin pudor a mostrar sus cuerpos, todo lo contrario: orgullosas. “Yo me reconozco más en una foto que saca una piba en su casa con el celu que en una producción. Mis producciones siempre fueron por otro lado, desde el día uno nunca usé Photoshop, nunca usé modelos. Las chicas se re identifican, yo siento que sano con ellas. Acá en el probador a veces se largan a llorar”.

Guerrilla Gringa Girls

En el showroom-taller de Brilla Gringa, Belén sigue cortando telas mientras sucede la entrevista. El ruido de la tijera deslizándose sobre la mesa acompaña las palabras de Mumi como una música de fondo. Detrás del sillón amarillo en donde estamos sentadas hay un cuadro que se lleva toda la atención de la sala. Un óleo, una mujer vestida de Brilla Gringa recostada entre telas de distintas estampas y texturas. Por supuesto hay una historia detrás de esta obra de arte. “Desde que arrancó Gringa hace 5 años, las estampitas siempre acompañaron cada prenda que compraban. Me gusta la idea de coleccionarlas, alzar altares, marcar libros, o simplemente ponerla con un imán en la heladera. Siempre los diseñaba a partir de pinturas de mujeres, que intervenía en forma de collage. El año pasado me di el lujo de encargarle a Andrea Gigante el primer cuadro de Gringa. Hoy además de estar colgado en el taller, es también una estampita”.

Hay algo especial en la manera de comunicar Gringa, no sólo en el detalle de las estampitas que acompañan las prendas y son una especie de campaña gráfica atemporal (y pagana). Mumi se ocupó de pensar cada una de ellas. “Armé series, una de ellas buscaba retratar a mujeres haciendo su acción y mostrando cómo la ropa de Gringa acompaña a cada una. Por eso los nombres: Brillar, Bailar, Conmover... busqué personas que me inspiraran y las fotos las sacó Viole (Capasso). Ella tiene algo para captar lo cotidiano y una impronta muy particular.

Las piezas de Brilla Gringa son cuidadas desde el proceso de confección artesanal (la moldería, el corte, son cosidas por costureras), la calidad de las telas y las estampas. Son una especie de vintage (en moldería) actualizadas en estampa, que están a cargo de la ilustradora Josefina Schargorodsky. “Con Jose nos conocimos en la Feria Juntas, y nos dimos cuenta de que vivíamos a una cuadra, así que desde ese día siempre que podemos compartimos el viaje. Un día me ofreció unas telas que había impreso para hacer mallas pero que nunca había concretado. Cuando me trajo las telas, las amé del primer momento y las usé para hacer lencería. Salió tan hermoso que quise reimprimir y aproveché para encargarle una nueva estampa. Así empezó el viaje de imprimir nuestros propios géneros. Jose sin querer queriendo nos empujó. Hoy la considero una gran amiga y vecina del barrio”.

¿Cómo te resulta vivir y trabajar en Villa Crespo?

Siempre hago de mi barrio mi Santa Fe. Me encanta venir caminando al taller, que Juana vaya al jardín por acá. Hay un montón de lugares de Buenos Aires que no conozco y eso que siempre viví en Almagro.

¿Cómo llegaste a tener tu propia marca?

Mientras trabajaba en el Ministerio empecé a trabajar los sábados en la zapatería Chicco Ruiz. Era lo que siempre había soñado, tener un localcito. Fue justo el momento en que se empezaron a usar las redes, hace 7, 8 años. Experimenté con Chicco Ruiz, le hice el Instragram. Después de un año la marca se juntó con DAM en un mismo local. Ahí conocí a Caro de DAM y flashié porque ella es como un duende de otro universo. Caro es fiel a sí misma, se sigue reinventando. En DAM hacía las redes y sacaba fotos en el taller, ella me inspiró bocha. Ella sigue teniendo el producto único, corta las telas en su taller, yo me enamoré de eso.

¿Por qué te lanzaste a hacer específicamente lencería?

Me gustaba comprar lencería independiente, me gustaban como prenda. Siempre más los corpiños que las bombachas. Me pareció una prenda más fácil de cortar. Y por eso también hice una moldería sencilla. El primer corpiño que hice es el Ramona y el modelo es uno vintage que modifiqué. Empecé a hacer prendas con colores, quería que dejaran de ser algo que está escondido y se disimule, quería que se empezaran a ver. Eso es lo que más me gusta de Brilla Gringa, que son prendas que dejaron de ser para esconder.

¿Cómo es el proceso de cada prenda?

Siempre me ayuda conceptualizar algo para poder desarrollarlo. Ahora por ejemplo pensé esto de trabajar con los cuatro elementos en las estampas. Me encanta lo floreado. Le propuse a Jose las cuatro estampas, fuego, aire, agua y tierra, pero no ir a lo literal sino pensar cómo sería el agua floreada, el aire floreado. Le armo gamas de colores y ella lo materializa. Tengo una conexión con ella, cada vez nos entendemos más. Mandamos a imprimir la tela, vemos las muestras de color, empiezan a llegar los rollos y empezamos a cortar con Belén. Se mandan a coser, vuelve todo, se revisa cada prenda, se etiqueta, perfumamos y embolsamos. Hay algo muy manual en el proceso y quiero aprovechar todo el esfuerzo que le ponemos. Prefiero que sea una prenda única y no una vedetina que podés conseguir en cualquier lado. Trabajamos a escala pequeña con menos stock pero cuidando cada detalle. Es el valor agregado de lo que hago.

Algo muy coherente con la filosofía de Brilla Gringa es que ofrece talle XXXL... La iniciativa de ampliar la curva de talles estuvo siempre. Cuando arranqué tenía solo tres talles, pero era principalmente por falta de conocimiento y parte de esta experimentación constante que tengo. A medida que fui conociendo más a las clientas, viendo qué necesitaban, cómo mejorar las prendas, fue que logré ampliarla. Por eso desarrollé cuatro modelos de corpiños que se van adaptando a los diferentes cuerpos, y cada uno tiene sus recomendaciones, tipo “espalda chica y mucha lola”, “espalda grande y poca lola”, “mucha espalda, mucha lola”, etc. Me gusta lograr prendas que sean versátiles a estas diferencias y que la calidad de la misma acompañe su durabilidad y uso.

Brilla Gringa se va superando con cada paso, ¿qué es lo que viene en este 2020? ¡Se viene Mini Gringa! Voy a sacar una linea para niñes. Gringa crece conmigo: Juana está por dejar los pañales así que le hice unas bombachitas. El año pasado también hice las calcitas, pero lo voy a desarrollar bien porque siempre hago el talle de Juana.

En las últimas semanas del 2019 Mumi ya estaba pensando en el año que ahora empieza y en ese momento subió una foto a Instagram en la que esbozó esta idea: “La belleza es poder disfrutarse y la libertad de ser”. Hoy cuenta que el día que escribió eso estuvo lagrimeando todo el día. “A mi me pasó no poder encontrar ropa e incluso ahora atiendo el local. Así conozco a las chicas que me vienen a comprar y estoy diseñando para ellas, para mi. ¡Feliz de poder hacerlo!

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